Aprendiendo a caminar

El día de la Ascensión le hacía una pregunta a un niño que estaba en la Misa Dominical:

¿Tienes bici?

A lo que me contestó bastante intrigado:

Si.

Y entonces le pregunté si llevaba ruedines. Me contestó negando con la cabeza. Entonces pregunté:

Y, ¿qué pasó cuando te quitaron el primer ruedín?

La respuesta no se hacía esperar…

Que me caí.

Una imagen para poder entender como el Señor, al volver a su Padre, nos deja sin ruedines… que la verdad que nos conviene… pues con los ruedines no podemos andar más que en terreno llano… eso de ir por el monte se aleja de nuestro horizonte si nos resistimos por miedo al peligro de caernos.

Pero, el Espíritu viene a equilibrarnos, para que con su ayuda podamos seguir avanzando por el camino que nos lleva a nosotros también al Cielo.

Esa es su misión… darnos ánimo para seguir las huellas de Cristo… imitando su ejemplo.  Que el Espíritu siga derramándose en nosotros y nos asegure la presencia de Dios en nuestras vidas.

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Hace mucho tiempo que tengo interiorizado que las redes sociales no son un complemento que uno pueda decidir ignorar, aunque si se puede ignorar el alcance al que llega hoy la necesidad de ser escuchado –probada porque las redes estén llenas de historias personales que pretenden lanzarse a veces como un socorro acallado–.

Me preocupa que en esta sociedad tan globalizada, y supuestamente tan armada de herramientas que posibiliten la interconexión –que no unidad ni relación– de las personas, sea la encargada de llevar a los peores horizontes la civilización del mañana… si nos desentendemos de la de hoy.

Por eso, me gustaría reflexionar a la luz de la imagen que pongo arriba –y así disculparme por llevar tanto tiempo sin escribir en este medio y compartiroslo– sobre la necesidad de dar lo mejor de uno mismo.

Sigo queriendo dar vueltas, viendo la realidad desde otros puntos de vista, y por eso el título de este post es una declaración de intenciones. Usaré mi teclado qwerty para, como zurdo que soy, incorporarle la vuelta.

Los sagrarios barrocos suelen tener este motivo en su decoración, porque los cristianos vieron en el pelicano un simbolo de Jesucristo. Pensaban que se picaba y que así daba de su sangre a sus crías. Nosotros sabemos que no hace eso, si no que devuelve los peces que ha conservado en el interior de su pico.

Aun así esta imagen nos habla de dar de nuestras entrañas…, de lo que es constitutivo nuestro y nos hace vivir. Que no nos lo guardemos… Hay mucha gente que tiene hambre de escucha y hay quién tiene hambre de sentido, de dejarse desarmar para acoger lo que es más verdad en nuestra vida y puede ayudarles a descubrirlo en la suya.

Por último… os doy permiso para que me riñais si al menos una vez cada quince días no me paro a reflexionar y a dar gracias por las vueltas de la vida… La última, el cambio de parroquias.

Nuestro propósito… dificultades que no impiden

Cada uno tenemos un propósito en nuestra vida

Parece que el Señor ha hecho de las suyas poniendo este vídeo frente a mí –ya hace un mes pude ver también una conferencia en TedEx de una persona parapléjica que había encontrado la libertad en la silla (¿imposible?) y un modo de vida más auténtico–, y para que yo os comparta una situación que viví ayer en el autobús, a la vuelta de PopularTV.

En los autobuses del TUS (Transporte Urbano de Santander) hay dos sitios para sillas de ruedas, para que puedan ir cómodos los parapléjicos o seguros los bebés. Ayer se ocuparon los dos sitios.
Una chica con una silla motorizada y un señor, algo mayor acompañado de su hermana.

Bien… hasta ahí bien. Pero, a partir de ahí se pueden ver las caras de la gente. A mí me molesta que nuestra sociedad de “cuerpos esculpidos y estereotipados” deje en la cuneta a quien no es igual… es lo que en boca del Papa Francisco llamaríamos: la cultura del descarte.

Así que seguíamos en el autobús y todas las miradas eran de “compadecimiento”. Se subió una señora mayor, y ya fue quien sacó de quicio la situación, con su comentario “¡Ay, qué pena! Y esa chica tan joven”… comentario que seguro pudo oír.

El tema es que por ella nadie va derramando ayes, pues sería poco ortodoxo decir “¡Ay, pobre señora! Cuatro días le faltarán” –#ModoIroníaOn–. Y, esas opiniones, que sólo reflejan la realidad vista desde nuestros ojos… están bastante tuertas.

Lo que pretendo decir con esto es que todos los días suceden cosas que nos superan y podemos correr el riesgo de tergiversarlas–que motivo, motivo… para compadecerse. ¿Vemos sufrir a estas personas? Pues no hagamos que sientan que son desechos o que parecen no tener la suficiente dignidad y por eso se quedaron a medias–…

Lo que es “habitual”, “normal” no es norma en la vida de las personas –no nos comamos la “L” final– por mucho que pretendamos ver, cuando todo no es según lo previsto, males que Dios envía.

Veo que nuestra sociedad ha de convertirse, cada uno de nosotros, para no compadecernos falsamente de la gente que ¿sufre?… Yo diría más bien: vive… La compasión es com-pasión… y para “padecer con alguien” hace falta vivir como propia su situación, sin amoldarla y verla desde nuestros esquemas… abajarse a su vida, aprojimarse  y dejar de lado nuestro falso sentimiento de lástima que no construye la implicación que muestra nuestra verdadera compasión.

Amanece…

DSC00110Amanece… seis meses van ya
de una ausencia que arrancó al pasar.
Una vida plena se calló,
silencio amargo, sólo se oyó.

Vida y ventura, quiso alcanzar
prenda futura… inmortalidad.
Fe, que a verte nos ha de ayudar,
aun faltando la felicidad.

Verte dándola; tu sonrisa
que, desde el cielo nos anima,
puede al fin, la amargura, secar…
del consuelo, venir a llenar.

Sentimos tu luz muy cercana.
¡Vive en los tuyos! Tu recuerdo
vivirá… En la noche, tu estrella,
una Flor dibuja en el cielo.

Inmortalidad… felicidad…
siempre en tus manos… nos cuidarás.

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El descanso… tregua, brisa, gozo

Holy_Spirit_by_NegaZeroCuando pensé que podía escribir sobre “El Descanso en el Señor” todavía muchas de las cosas que han pasado… no las podía ni imaginar. Sólo hace un mes que empezó esta etapa… y como de costumbre, he estado demasiado comprometido para poder escribir antes de que se pase la etapa, ya lo siento.

Un fragmento de la secuencia de Pentecostés dice:

Ven, dulce huésped del alma,

descanso de nuestro esfuerzo,

tregua en el duro trabajo,

brisa en las horas de fuego,

gozo que enjuga las lágrimas

y reconforta en los duelos. Seguir leyendo El descanso… tregua, brisa, gozo

Jesús está enteramente

Eucaristia 2Es curioso que el evangelista Juan mencione sólo dos veces la palabra griega sarx –carne–.

Lo hace para referirse, primero en el prólogo, a la verdadera encarnación del Verbo –de la 2ª persona de la Santísima Trinidad– en la naturaleza humana de Jesucristo –unidas naturaleza divina y humana en la persona divina, perfectamente pero sin confusión–.

Este realismo que el evangelista busca, frente a posibles herejías, hace que en el capítulo 6 –en el discurso del pan de vida, 2ª vez que lo menciona– nos presente cómo Jesús nos invita a comer no el maná o un pan simbólico, sino su mismo cuerpo, su propia carne. A los oyentes de este discurso les dejó escandalizados, pues ¿cómo podía ser posible que el único camino para tener vida fuese comer la carne de otro hombre? Eso era un grave pecado… pues no sólo mataba, sino que consumía su carne sanguinolenta. Seguir leyendo Jesús está enteramente

Somos lo que comemos

more_of_you__less_of_me_by_blugi-d4sku9a

En este post espero no haberme pasado de pedaleada… a veces uno, tras dar varias volteretas –voltereteando es el nombre de mi blog– se levanta y tarda un poco en recuperar el equilibrio y el sentido… así que perdonarme si en algo me sobrepaso y ayudarme con vuestros comentarios a seguir reflexionando sobre el misterio de los misterios: que en un trozo de pan y un poco de vino, Dios mismo se haga presencia real.

Habitualmente, cuando nos sentamos a la mesa, nuestro organismo toma los nutrientes y aporte calórico de los alimentos que comemos… y son ellos los que se transforman en nosotros –bueno estaría que quien comiese más zanahoria tuviese un color más naranja, o que se cumpliese la superstición de los pueblos asiáticos, y también africanos, de la asunción de las habilidades de los animales que entran por nuestra boca–. Pero, no es así con el alimento eucarístico; pues es el único caso en que nosotros somos quienes nos transformamos en quien recibimos: Cristo. Seguir leyendo Somos lo que comemos

Atrévete a soñar… mira la realidad desde otra perspectiva